José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

A DON JOSE ANTONIO TOLOSA CACERES

 

A  DON JOSE ANTONIO TOLOSA CACERES
 
Por Carlos Rodolfo Carrillo Ramírez
 
 
“Qué estilo el de los poetas de sucumbir anticipadamente”
 
Los poetas al partir
Sentencian con sus frases:
-         No esculpir palabras enternecedoras ni secretas
en el lomo de las piedras, que no acrecentan.
sólo en los árboles que van corriendo
precipitadamente hacia arriba
ante el furor del aire.-
 
Colocar los nombres de gran tamaño que balanceen bajo la luz del alba como banderas desplegadas.
-         Aun la piedra conserva
líneas con secretos ocultos –
 
Cuando ya el árbol termina su ciclo,
El destino lo lleva a cenizas, mesas para comedor
o camas para descansar,
entonces el hombre saborea los alimentos sobre la mesa, sueña al clarear la mañana con una tasa de café en la cama, o yace tranquilamente el último sueño entre los restos pintados de un tronco de árbol.
 
Pero siempre hay una piedra igual, inmóvil
ni más pequeña ni más grande,
ostentando en su pálido pecho
el gravado conmovedor de unas letras que un intruso en su afán desesperado buriló:
 
¡ Aquí descansa el poeta que desde niño marchó bajo los albores de la aurora
con su desprovisto bagaje de saudades errando por la vida entre rosales de niebla
y cantos de ruiseñor desde la vereda El Chamizo
en su insistente batallar de dolor y silencio.
 
Frisaba los quince años y solo existía un camino,
Corto e inevitable que lo conduciría a la Casa del Mamón
donde el lucero de los bosques azules y floridos
en el vago eternal de la noche
ignoraba su secreto y su destino.
Penetraría en los dorados brazos de Libia Stella
divina verdad de la belleza, ángel apacible
lleno de deleites nostálgicos,
compañera, amante del Corregidor
 
Llevaba la soledad en su frente
Al igual que el paso firme y sosegado.
 
De la mano de su tío Ezequiel, que lo encaminó a su lado en los tiernos y alegres momentos
para convertirlo en el afamado ebanista de la región, considerado como el maestro “Colita”.
 
Solo como en los muelles al amanecer emergen los recuerdos de la noche en el cálido arrobo de los mares.
Forcejea con los lentos crepúsculos
sin encenderse en su alma
los faros anhelados de esperanza,
enfrenta la vida, cruza océanos,
conoce otros países y costas desoladas que suben en “El Tren” que nunca llega
para recorrer los algodonales de “La Macuira”.
 
El vate encara el amor en el Carmen de Bolívar,
donde ardieron como pira en su corazón
las alas de los pájaros del canto,
creó para él en cada día,
la luz de un nuevo universo
cosechó un hermoso hogar
con retoños florecientes.
 
El Poeta que le cantó a los niños, jóvenes y adultos
el aedo que vivió con los espíritus
fantasmales de los libros académicos,
el compañero que diseño metas como secretario
de la Asociación de Escritores de Norte de Santander,
el vate que plasmó su poema inmortal
en la diáfana bóveda celeste,
el bardo que en una noche de tormenta
en mármoles celestiales de tristeza,
escribió su último poema
para sus familiares y amigos
a la luz de las estrellas
¡y! después con serena voz
bajo su canto,
quedó de espaldas hecho de piedra. 
 
 
          Cúcuta, abril 11 de 2008