José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

EL PERFIL DE UNA PLUMA DE ORO

 

EL PERFIL DE UNA PLUMA DE ORO
Por Pablo Chacón Medina
 
Frente a Don José Antonio Tolosa Cáceres, siempre percibo la sensación de que es más joven que yo. Más joven que todos nosotros: que José Luís Villamizar, que Pablo Emilio Ramírez, que Adolfo Martínez Badillo, que Guillermo Vargas Villamizar, que Alfredo Bustos, que Alfonso Ramírez Navarro, que Laura Villalobos de Álvarez, que Cristina Ballén, y más joven que su propio hijo. José Rafael Tolosa Rico, prologuista de su último libro “Cuentos y Relatos”
Verlo cumplir el ritual de llegar todos los días puntualmente a ese su espacio natural, la Academia de Historia de Norte de Santander, es acudir a un extraño fenómeno de la imaginación. Pareciera que trajera consigo todos los libros y documentos que de día permanecen en su estricto orden académico en los hoy renovados anaqueles y que se alejan con él de ese recinto al ver caer la tarde en un mágico compartimiento de su cerebro donde suelen viajar, diariamente, hasta el nuevo retorno. 
Observarlo sentado en el estratégico lugar donde acostumbra oír y responder acertadamente las preguntas, es acudir a un asombroso concierto de conocimientos, donde solo el desconcierto puede estar en la perplejidad de descubrir que el viejo socarrón sabe más que nosotros, que sus ideas caminan a mayor prisa que las nuestras, y sobre todo, que por tal razón nos resulta más joven que los demás.
Pero es que, además… carga sobre sus hombros algo que no le permite envejecer… Su eterna sonrisa de adolescente, enmarca esos chispeantes ojos de seminarista enamoradizo, que lo transforma en un ser maravillosamente contagiante, hacen que dialogar con él se convierta en una misa de domingo enmarcada entre niñas de colegio, engalanadas como palomas blancas dispuesta a recibir la comunión, en medio de la pureza transparente de un sol radiante.
Un día me regaló un poema suyo. Poema de amor que alguna vez yo soñé escribirlo. Lo encontré allí jamás podría sorprenderme, lo había leído antes en mi imaginación, pero nadie lo había escrito. Desde luego, este es más clásico, más bello,  más artístico, más auténtico, más sonoramente sublimante. Algo así como un beso estampado en la primera florescencia de la inocente boca de una niña. Hoy he vuelto a leerlo, a hojear el tono de su música y el reclinar de su atento oído al texto, oigo el corazón de Don José, cabalgando hacia la inmortalidad sin detenerse.
En “Cuentos y Relatos, el más reciente desvelo de su imaginación, desnuda su acrisolada pluma de oro puro, para delinear, sin claroscuros cortinajes, la fragilidad de la conducta humana. El mar es testigo de sus furiosas pasiones y sus sórdidos latidos, como sábanas enceguecidas, se sumergen en la candente espuma, que habrá de desaparecer en la pasividad de la última ola.
En “Un amor Platónico”, aflora el pañuelito blanco que se despide sin haberse humedecido en la piel exquisita de Alexandra Van Keller. La acelerada escritura de apasionantes cartas, exprimían, en el derroche de la desenfrenada tinta, la pasión silenciosamente contenida en la ansiedad de sus ardientes labios de fuegos.
Al recibir el jueves 15 de marzo, el galardón de Miembro de Número de la Academia de Historia, hizo que el recinto se inflamara con el más ensordecedor de los aplausos. El más querido de todos, el más sencillo, el aparentemente más humilde, pero a la vez el más encumbrado, orgullosamente exhibía su rostro de seminarista recién ennoviado.
Alexandra Van Keller había regresado y convertido en diamantes azules, dos lagrimas depositadas en el mismo pañuelito blanco con que antes había sido despedido. La sirena de la Locomotora rompió nuevamente el silencio. Pero esta vez no con un desgarrador lamento de despedida. Un poeta viajaba con tiquete de primera y a su lado la más subyugante de todas las princesas… LA POESIA.