José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

ODA PARA UN PERRO VIEJO





Oda para un perro viejo
 
Bajo la sombra suave
de la palmera enhiesta,
duerme el perrito viejo
su placentera siesta.
 
Sueña seguramente,
secuencias del pasado,
cuando era alegre y próvido,
consentido y amado.
 
En la inconciencia onírica
de su ardorosa fiebre,
sueña que corre ufano
tras una rauda liebre.
 
O, tal vez, que en la umbrosa
soledad del paisaje
se encuentra una perrita
de lustroso pelaje.
 
¡Y gime el perro!
 
Ayer no más tenía
vivaz el ojo y el oído alerta,
y era el guardián
de la incruzable puerta.
 
“Relevo”, lo llamaron
los broncos policías,
que su infancia canina cultivaron.
¡Cuán lejos han quedado aquellos días!
¡Cuán remotos los tiempos que pasaron!
 
¡“Relevo”, relevante,
mas nunca relevado!
El sabe en su perruna inteligencia
que ha sido un buen soldado,
que ha servido a la patria
Y al Estado,
con la clara visión
de su conciencia.
 
Ahora, transido por la fiebre
y por el hambre,
muertas sus ilusiones
vivos sus desengaños,
mira con ojo torvo
su mísera pelambre,
y piensa en la ironía
de los años.
 
 El perro se adormece
bajo la palma enhiesta.
Dos lágrimas de plata
le ruedan de los ojos
y piensa,
en el soponcio de la siesta,
 
“La vida es una colcha
de despojos,
más triste y lacerante
cuanto más se recuerda.
Mejor dormir.
¡La vida es una mierda!”
 
¡Y llora el perro!