José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

PARABOLA DEL AGUA


 

Parábola del Agua
 
Un día muy lejano,
perdido en la memoria
de los tiempos,
Dios miró el universo desolado.
 
Reinaba el caos,
la soledad,
el yermo.
 
¡y lloró Dios con la infinita
ternura del milagro!
 
Una lagrima rodó sobre la tierra
y se hizo un lago,
en cuyas azules transparencias
el espíritu de Dios
se reflejaba.
 
¡Y vio Dios que era bueno
 
Y el agua estaba allí sobre la tierra,
pura como una lágrima de Dios
hecha milagro!
 
Después el agua se volvió torrente,
cascada primordial,
dulce fuente
o vórtice abismal.
  
El agua generosa,
el agua amiga,
nutriendo las praderas
y las rosas,
bajó por las laderas
a refrescar los valles,
y pintó de colores
el arco iris y las mariposas.
 
Agua bendita,
por Dios santificad,
que apaga los incendios de la tierra
y los incendios de las almas.
 
Un día muy lejano,
perdido en la memoria de los tiempos
que aún no han transcurrido,
el agua morirá sobre la tierra
 
Y, entonces como en el principio
reinarán el caos, el Silencio y la Muerte,
y Dios no cernirá su rostro
en la linfa del agua.