José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

ROMANCILLO DEL RETORNO



Romancillo del retorno
 
A Mi Padre Don Gonzalo Tolosa Velasco
 
Tatuados traigo los ojos
de paisajes marineros
y en el alma un bergantín
cargado con mil recuerdos.
 
Fulguran en mis retinas
las luces de muchos puertos
y en mis oídos ululan
de mil voces diez mil ecos.
 
Vagado he por cien caminos
de agua, de tierra y de cielo,
rebosante de nostalgia
y de paisajes enfermo.
 
La luna, que es buena amiga
de los poetas bohemios,
tiene un álbum de mis versos
entre sus manos de hielo.
  
Álbum que yo le ofrecí,
noche lejana en un puerto,
oloroso a yodo y mugre,
cuyo nombre no recuerdo.
 
Caminos, largos caminos
de agua de tierra y de cielo,
desandados por mis plantas,
diluidos en el tiempo.
 
Aire, cielo, mar y roca,
nube, rosa, sentimiento,
¡ay, Padre, me está brotando
como una estrella en el pecho!
 
No nací, por mi desgracia,
en aquel heroico tiempo
de los valientes cruzados
y los nobles caballeros.
 
Que de haber nacido en esos
tiempos de hidalgos guerreros,
cien heridas os traería
esparcidas por el cuerpo.
  
Como cien rosas sangrantes,
como cien besos de fuego,
como cien puñales rotos,
como cien labios abiertos.
 
¡Ay, por mi desgracia no
he nacido en esos tiempos!
 
Nací, como bien lo sabes,
el año mil novecientos,
novecientos no se cuántos,
al amor de los cafetos.
 
En tierra de gente brava,
que llaman bochalemeros,
pobre de techo y de pan,
pero rico en sentimientos.
 
¡Ay, Padre, cómo me duele
la flor que crece en mi pecho,
que es un dardo cada pétalo
y un puñal cada recuerdo!
 
¡Aire, cielo, mar y roca,
nube, rosa, sentimiento!
 
Deja padre que esta flor
crezca como mis recuerdos,
y que me abrase las carnes
y carbonice mis huesos.
 
Pero no permitas, no,
que brote de mí un lamento,
que por algo soy un hombre
de prohombres heredero.
 
Caminos, largos caminos
de agua, de tierra y de cielo
este tu hijo ha cruzado
sin ser cruzado guerrero.
 
Y, cual “Don Juan”, ha dejado
en el espacio y el tiempo,
odios, discordias y amor,
vacío y tristes recuerdos.
 
Que de humanos es arar
en el océano inmenso,
regar simiente en la mar
y edificar en el viento
 
Envio
 
Padre: para tu regalo
solo dos cosas poseo:
esta mujer que es mi esposa
y ese hijo que es tu nieto.
  
En ellos finco esperanzas,
en ellos hilvano sueños,
en ellos está mi vida
y en ellos mi pensamiento.
 
Bendícelos, Padre, ahora,
bendícelos que aún es tiempo,
antes que el nieto se marche
del mundo por los senderos,
que han de crecerle en la mente
y florecerle en el pecho,
cual te crecieron a ti
cómo a mí me florecieron.
 
Por mí, que se marche un día.
Por mí, que regrese luego,
y que me cuente llorando
sus aventuras en verso.
 
Que yo con mi voz cascada
he de decirle muy quedo:
no llores mi dulce niño,
que de Tolosas es esto.
 
Consuélate y siente orgullo
que has hecho honor a tu ancestro.
 
¡Aventurero fui yo,
aventurero tu abuelo,
y decir Tolosas es
es decir aventureros!
 
¡Ay, Padre, como una rosa
me ha florecido en el pecho!