José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

TRIPTICO A DURANIA

 






Tríptico a Durania


Yo soy ese muchacho que,
en ya lejanos días,
  por esta recta 
calle  paseaba sonambúlico.

En el telar del alma tejiendo fantasías
y fabricando sueños mi corazón abúlico.
 
Yo soy ese muchacho que a la luz de la aurora, canturreaba canciones de tristeza infinita, como un pájaro herido, como un ave canora,
     

la música del alma derramando su cuita.
 
Recuerdo tantas cosas de aquellos dulces años,
cuando aún en mi alma no había desengaños,
ni en mi pecho acendraba su amargura la hiel.
 
Cuando todo era dulce como el amor de un niño,
suave como los pétalos de una rosa de armiño,
y el corazón brotando sus panales de miel.
II
Entonces yo tenía el cosmos en mi mano,
el porvenir brillaba como una luz naciente,
en mí no había signado su incógnita el Arcano
y mi vida era plácida como un lago silente.
 
Recuerdo que el poblado tenía una sola calle,
orlada de casonas de estampa solariega,
un samán en la plaza, un balneario en el valle
y una iglesia de blanco como una virgen griega.
 
Con el alma colmada de próvidos ensueños,
en un feliz futuro fincaba mis empeños.
Mi espíritu no tenía heridas ni amarguras.
 
Sólo el amor llenaba a veces mis instantes,
y me llevaba raudo por países distantes,
con todas sus bellezas y todas sus locuras.
 
III
 
¡Oh la histórica “Troja” de mis antepasados,
la Córdoba rebelde de ancestros liberales,
la Durania altanera de coturnos dorados,
que pobló la montaña de verdes cafetales!
 
La Durania que tiende su cuerpo a la bartola,
por el valle risueño que baña “La Lejía”,
como una quinceañera que la luz tornasola
y en cuyos labios deja Cupido su ambrosía.
 
Yo soy ese muchacho que, en días ya lejanos,
con el alma repleta de próvidos arcanos,
por esta recta calle paseaba negligente.
 
Ahora soy un viejo de sueños vesperales,
que regresa al terruño de días aurorales,
con un dardo en el pecho y una estrella en la frente.