José Antonio Tolosa Caceres
Historiador, escritor y poeta

SALUDO A OCAÑA

                     

             SALUDO A OCAÑA


Veo a Ocaña como una mujer bella que desde el balcón de la Historia me cuenta su grandeza.

La veo en la etapa de la selva y la tribu con su cauda de días primigenios fulgurando en su testa una corona de relampagos.

Pretérita y lejana en la memoria de los tiempos, orlada de peñascos, asediada de ríos, venerada de sombras...

El gran río Magdalena besa sus pies de reina y la cordillera oriental de los Andes le rinde el tributo de su geografía abrupta, milenaria de nieves y de bosques.

Y la veo rodeada de sus aborígenes los Hacaritamas, Simititariguas, los Abregos, los Evorucos, los Uramas, los Patajemenos y tantas otras tribus que conforman las etnias milenarias que le han rendido homenaje de admiración de obediencia y respeto a la reina altiva seductora y risueña...

Y la veo también en los tiempos de la consquista más que conquistada, conquistadora, porque aquellos hombres de chambergos vellidos y cortantes espadas quedaban enredados en la sutil telaraña de sus hechizos y de sus riquezas.

Y la veo también en la Colonia, con sus calles de piedra, sus hieráticos templos de torres almenadas desde cuyos campanarios las místicas campanas marcaban los horarios y los días.

En el calidoscopio de mi espíritu la veo surcada de caminos con sus recuas de mulas y el grito rampante del arriero rasgando los silencios. Los caminos reales, abruptos, largos y tortuosos cargados de fatiga, poblados de fantasmas y a su orilla pueblitos pintorescos con sus plazas y capillas de claras espadañas y en sus estancias marginales las posadas y las pesebreras; y por sus calles de rudos adoquines veo a don Antón García de Bonilla, jinete en su brioso corcel negro como la noche desandando los pasos de su azarosa vida y buscando el reencuentro de las hermosas mujeres que en su hora vital le ofrecieron las delicias de sus encantos corporales y las mieles untuosas de sus bocas juveniles.

Y veo a Leonelda Hernández, como una reina de la rebeldia levantar en alto la antorcha de la libertad para decirle a América y al mundo que la mujer ocañera es la precursora de la libertad y de los derechos humanos en el continente americano.

Y por los tiempos de la independencia, veo a Bolívar como un Dios mitológico rodeado por un coro de sílfides y ninfas que le ofrecen las delicias de sus amores pero a la vez lo inducen a derrotar la opresión y el escarnio.

Y aqui Santander, alto y sereno, dando los primeros pasos en el sendero de la Democracia y tratando de trocar el arte de las armas por el de las Leyes para asegurarle al ciudadano la libertad que emana del entendimiento.

y en tiempos de la República veo a Ocaña con su cauda de hombres de letras, de historiadores, de poetas, de políticos dando lo mejor de si mismo para honra de la tierra y de la raza; y entre ellos a LUIS EDUARDO PAEZ COURVEL como un semidios nórdico lanzando a la oscuridad de la ignorancia los sublimes rayos de su inteligencia y derramando de la fuente inagotable de su espiritu el agua purificante de su mansedumbre.

!Así es como te veo Ocaña
Así es como te canto desde el fondo de mi alma¡